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Por: Actual Inmobiliaria / 16 de febrero 2017
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La lengua castellana en versión chilena, peruana y colombiana

Frases que usamos todos los días no son comprendidas de igual forma en los distintos países del mismo continente. A veces tienen otro sentido, o incluso puede que no se entiendan. Como si se tratara de otro idioma.

Que hablemos español en Latinoamérica no quiere decir que todas las palabras vayan a tener el mismo significado. Las raíces, historia, políticas educativas, herencias, costumbres y hasta la inmigración, influyen para que cada uno tenga sus frases, refranes, formas coloquiales y particulares de decir las cosas. Y algunas de ellas son realmente asombrosas.
Cuando nos encontramos en una gran congestión vehicular acompañados por amigos en Perú diríamos: “Estoy en un traficazo con mis patas”; en Chile “Estoy en un taco con los cabros” y en Colombia “Estoy en un trancón con mis parceros”.

Es sábado en la noche y tenemos un “carrete” chileno, una “juerga” peruana y una “farra” en Colombia. Si a esa fiesta llegaste sin invitación, en Perú serías un “un colón”, en Colombia un “colado” y en Chile, un “paracaidista”. Y si al día siguiente, sientes un malestar por haber tomado demasiado licor, un colombiano estaría con “guayabo”, mientras que un peruano con “resaca” y un chileno con “la caña”.
Otro caso. Vas a una farmacia en Perú y dices, “¿Me ven- de una aspirina?”; en chileno habría que decir “Me da” y en Colombia, “Me regala”. Nótese que cuando se solicita algo gratis en Perú se usa “invitar”. Si va de compras, pero a un mercado de las pulgas, en Colombia seguro que comprará más de un “chéchere”, o un “cachureo” en Chile y en Perú un “cachivache”. En definitiva, lo que la Real Academia definiría como “cosa rota o inservible”.

Malos entendidos
Los culicagaos colombianos no son personas que no sepan limpiarse bien, sino que es la forma coloquial de llamar a los niños. Un ejemplo de ello sería “Los culicagaos estaban jugando futbolín”. Significa lo mismo que “Los cabros chicos estaban jugando taca- taca”, en Chile. Y, en Perú sería “Los chibolos jugaban fulbito ”.
Sigamos comparando. Un peruano nos dice que “Este cachimbo tiene que chancar duro, sino lo van a jalar y botar antes de recibirse de la maestría”… A lo que un chileno en- tendería: “Este mechón tiene que ser más mateo, si no lo van a echar antes de terminar el postgrado”. O cuando la madre peruana reclama que “al biberón del bebé le falta el chupón”, la chilena alega que “a la mamadera de la guagua le falta el chupete” y la colombiana apela que “al tetero del bebé le falta el chupo”.
“¡Ayer encontré un hueco buenazo!”, anunció un peruano. “Estaba recontra caleta en un barrio que ni idea… pero igual me divertí”. Prendamos el traductor chileno automático y escucharemos: “¡Ayer hallé una picada bacán! Estaba súper escondida en una zona más o menos… pero igual lo pasé chancho”.
Otro peruano explica a su jefe por que llegó tarde a la oficina y le diría: “Esta maña- na se me bajó una llanta y se malogró mi carro, así que me fui al paradero del onmibús y tomé una combi para venir a la chamba”. Traducción chilensis: “Esta mañana se me pinchó un neumático y se me echó a perder el auto, así que me fui al paradero del Transantiago y me tomé un colectivo para venir a la pega”. ¿Y cómo lo diría un colombiano? “Esta mañana se me dañó el carro, así que me fui al paradero del Transmilenio y me tomé un colectivo para ir a camellar”.

Es divertido como una pa- labra tiene acepciones tan diferentes de un país a otro. “Caleta” en Perú se usa para hablar de algo discreto, como un lugar que se encuentra poco visible. En Colombia, la caleta hace referencia a los escondites de los narcotraficantes y en Chile significa que hay una gran cantidad: ”Había caleta de gente en el estadio”.
Al nal es lo mismo ¿o no?
La deliciosa piña que comemos en Chile y Colombia, se usa en Perú para decir que alguien tiene mala suerte, “Qué piña eres”, dicen los limeños. Si en cambio eres afortunado, dirán que “Eres un lechero”. Un “cacho” en Chile es un problema, mientras que en Colombia es un cigarrillo de marihuana y en Perú solo se refiere al cuerno de un animal. Ahora bien, para el peruano alguien “cachoso” es alguien burlón.
Si está de visita en Chile, apenas pise el aeropuerto escuchará modismos locales, como, por ejemplo, “¿Cachai?”, que en castellano quiere decir, “¿Entiendes?”. Otro ejemplo, es “altiro”, es decir, “en seguida”(o “altoque” en Perú y “de una” en Colombia). A las chicas jóvenes, en tanto, se les dice “lolita”, equivalente a la “chibola” peruana y a la “muchacha” colombiana.
Ahora bien, el clásico “chévere” en Chile podrá escucharlo como “bakán” o “el descueve”.
Y como pronto estaremos en Navidad, un personaje visitará a todo los niños. Claro que para los chilenos se trata del “Viejito Pascuero” y para los pequeños peruanos y colombianos, de “Papá Noel” o “Santa Claus”.
Tomarse un “tinto” en Colombia, es lo mismo que un café en Perú. Y, en Chile, claro notará que más bien la gente pide un “cafecito”, pues en esa nación la gente tiende a hablar con diminutivos.

La exquisita palta que comemos en Perú y Chile, en Colombia se llama aguacate. Pídala de esta manera al mozo. Y al final, no olvide la “propina”, mejor conocida como “liga” por los colombianos.
Si se olvidó poner lo esencial en la maleta para sus vacaciones en las playas peruanas deberá ir a comprar una “ropa de baño”, “traje de baño” en Chile y “chingue” en Colombia. Además de unas “chalas, hawaianas o condoritos” en Chile, que son lo mismo que son las “chanclas” colombianas y las “sayonaras o slaps” peruanas.
Ahora bien, no solo existen diferentes palabras y modismos en estos tres países sudamericanos. También sus habitantes se caracterizan por pronunciar y tener un acento propio. Los chilenos, por ejemplo, tienden a modular imperfectamente y a comerse las letras “s”. Al igual que sus antepasados andaluces. Asimismo, se estila declinar los verbos de manera poco académica. En vez, de preguntar “¿Cómo estás?”, dicen “¿Cómo estai?”.
Diametralmente opuesto es el hablar del colombiano, que se asemeja más a los españoles puros. Aunque no pronuncian la letra zeta, como ellos, sí modulan las palabras tal cual lo haría un madrileño.
Respecto del acento, las tres naciones tienen entonaciones propias. De los colombianos se dice que tienen un “cantadito” muy singular que los distingue. En Perú, lo frecuente es que vocalicen muy bien cada palabra y los extranjeros que los escuchan opinan que al igual que otros países, tienen un hablar melodioso.

Por Claudia Jiménez | Ilustración Alfredo Cáceres